Relato
01-08-2006 23:20:39
Miraba la extraña sombra que proyectaba sobre el barniz.
El no era un niño habitual, le gustaba observar lo que pasaba a su alrededor. Su dedo índice apuntaba una pagina del último numero de "The Lone Ranger". Estaba avisado; Su madre no quería que leyese esas "porquerías"; él sabía esconderlos bien. El hueco de los zapatos, en aquel armario empotrado, le había servido de escondite para todos aquellos comics de serie B que tanto le gustaban.
Movió la mano y perdió la pagina. "¡Maldición!", llevaba 3 horas intentando entender que le pasaba a Silver en aquella escarpada colina. Su sombra, se dibujó de colores diferentes en el brillo tenue que despedía su regalo de cumpleaños.
Podía ver una marabunta de imágenes diferentes según el grado de inclinación que tomase su cabeza. Ahora solo podía apreciar su cabello rubio encima de una sombra negra. "Soy Toro Sentado, el jefe de todos los indios Sioux y Cheyenne"; quizás si hubiese tenido una pluma de águila en la cabeza, su idea hubiese cobrado más protagonismo. Pero en casa no había plumas de águila, solo un viejo plumero para el polvo que le dejaría en la misma situación que Telly Savalas con una peluca de lana.
Él sabia lo que quería, y nadie solía entender sus incursiones en busca del tesoro perdido de los Cherokees. Tenía solo 7 años, pero sabía que su misión trascendía todo razonamiento adulto posible. Su madre solo le recriminaría que se ensuciaba los vaqueros de barro. ¡Dios mío!...uno intentando salvar del anonimato el mayor de los secretos mundiales, y su madre regañándole por tener un poco de tierra en el pantalón. Increíble.
Seguía mirándose en aquel espejo de color ámbar. Se acercó arrastrando las rodillas y dejó el comic arrugado junto a su cama. Ahora tenía la nariz pegada a aquel trozo de madera con cuerdas. Siempre lo había visto así. Era simplemente un trozo hueco de madera con cuerdas de acero. Sus padres lo llamaban guitarra, y normalmente era el objeto con el que su hermano Matt tropezaba siempre y lloraba. Era inútil. No su hermano, sino el objeto; aunque ambas cosas podían ser validas. Sus padres se lo habían regalado por su cumpleaños pero lo seguía viendo un trasto estúpido. Incluso había soñado que ese objeto le invadía y le encerraba en una prisión inmensa, donde no podría salir jamás. Miles de personas le miraban desde el otro lado de aquellas cuerdas que, frente a él, se mostraban como barrotes infranqueables a una libertad mundana.
Sus padres llamaban a aquel regalo "guitarra". El prefería llamarlo "la prisión del futuro".
Él sabía todo lo que iba a pasar en el futuro, era un chico listo. Incluso, una vez, adivinó lo que le pasaría a sus amigos Danny y Bobby si corrían tanto con las bicicletas. Al final se cayeron y se hicieron una buena cicatriz en las manos. Él tenía miedo de bajar por aquel barranco, pero les ayudo como pudo a levantarse. Aquel día hicieron un pacto de sangre; le dolió mucho tener que rajarse la mano con la navaja del llavero de Bobby. Ahora eran hermanos para siempre.
Escuchó una puerta que se abría en la parte de abajo. Se acabó la fiesta. Los Sioux debían regresar al olvido. Recogió el comic del suelo y se deslizó raudo hasta el armario. Levantó aquella caja de zapatos para los domingos y lo guardó atropelladamente sin cerrar bien la tapa. Cogió aquella maldita guitarra y siguió ensayando el acorde Re que su primo le había enseñado.
Su primo era un capullo. Vivía en New York y sabía tocar la guitarra. Pero era un capullo; lo tenía bastante claro.
Cuando sus padres le regalaron la guitarra, su primo Tony pasó fardando toda la tarde tocando canciones de Chuck Berry y Johnny Cash. Su primo Tony era un capullo. Al final pudo entender que lo que tocaba era bastante repetitivo, pero a pesar de ello, solo logró aprender tres acordes: Sol, Do y Re. No era gran cosa, pero ya había compuesto su primer blues del Oeste. Y él ya era todo un Cowboy con guitarra incluida. Lo tenía pensado todo.
Primero secuestraría a sus padres, después los vendería a los Navajos, ellos les darían algún uso mejor. Y después iría de estado en estado vendiendo su música ancestral.
Su primera canción la titularía "Cabalga Cowboy, Cabalga"...lo tenía todo pensado, ya os lo dije.
Necesitaba un nombre de artista; pero aún lo estaba pensando.
Su madre apareció por una rendija de la puerta.
-¿Estás bien?
-He estado en mejores situaciones -esa era una buena respuesta, vaquero.
Su madre movió la cabeza lado a lado y cerró la puerta.
Seguía ensayando.
Aquel montón de mierda solo hacía ruido de lata. Él intentaba hacerla sonar rudo, pero no sacaba más que un sonido parecido al que hacen las tuercas al caer dentro de un cubo de hierro.
De repente miró al techo. Allí estaba "El llanero solitario", lo miraba desde aquel póster minúsculo que peleaba por mantenerse pegado a la pared horizontal que le servia de resguardo a las noches heladas.
-¿Que harías tu?
De repente como si de una fuerza interna se tratase, cogió aquella guitarra y la miro de frente. La tenía agarrada por el clavijero, pero ahora se transformaba en el cuello de su peor enemigo. Aquel cuerpo rechoncho ahora tomaba la forma de un forajido sin escrúpulos. Y aquellas cuerdas, eran el arma con el que intentaba cortarle en canal. Abrió la puerta con su mano libre y atravesó el pasillo con agilidad. Se detuvo justo en el filo de las escaleras. Alzó al forajido al vacío y lo miró a la cara...
-¡¡¡Detente!!!- escuchaba una voz suplicar clemencia-. Sabes que te encontraré vivo o muerto.
-No temo a tus palabras, soy salvaje como el viento, no volverás de tu tumba.
Acto seguido soltó a su enemigo; un sonido intenso y prolongado siguió a la muerte de su peor contrincante. Ahora él era la ley. Era quien dictaba las reglas.
Su madre apareció al fondo de las escaleras con cara de pocos amigos. A su lado yacía el "forajido infame". Sus partes rotas en varios pedazos, aguantaban los estertores de la muerte con compostura. Su madre se llevo las manos a la cabeza y gritó:
-¡¡¡John Francis Bongiovi, estás castigado!!!
John alzó su cabeza con frialdad, escupió a su lado y desde lo alto de aquella escalera, señaló con el dedo a su madre en postura amenazante:
-Llámame Capitán Kidd.
La leyenda acababa de forjarse.

El no era un niño habitual, le gustaba observar lo que pasaba a su alrededor. Su dedo índice apuntaba una pagina del último numero de "The Lone Ranger". Estaba avisado; Su madre no quería que leyese esas "porquerías"; él sabía esconderlos bien. El hueco de los zapatos, en aquel armario empotrado, le había servido de escondite para todos aquellos comics de serie B que tanto le gustaban.
Movió la mano y perdió la pagina. "¡Maldición!", llevaba 3 horas intentando entender que le pasaba a Silver en aquella escarpada colina. Su sombra, se dibujó de colores diferentes en el brillo tenue que despedía su regalo de cumpleaños.
Podía ver una marabunta de imágenes diferentes según el grado de inclinación que tomase su cabeza. Ahora solo podía apreciar su cabello rubio encima de una sombra negra. "Soy Toro Sentado, el jefe de todos los indios Sioux y Cheyenne"; quizás si hubiese tenido una pluma de águila en la cabeza, su idea hubiese cobrado más protagonismo. Pero en casa no había plumas de águila, solo un viejo plumero para el polvo que le dejaría en la misma situación que Telly Savalas con una peluca de lana.
Él sabia lo que quería, y nadie solía entender sus incursiones en busca del tesoro perdido de los Cherokees. Tenía solo 7 años, pero sabía que su misión trascendía todo razonamiento adulto posible. Su madre solo le recriminaría que se ensuciaba los vaqueros de barro. ¡Dios mío!...uno intentando salvar del anonimato el mayor de los secretos mundiales, y su madre regañándole por tener un poco de tierra en el pantalón. Increíble.
Seguía mirándose en aquel espejo de color ámbar. Se acercó arrastrando las rodillas y dejó el comic arrugado junto a su cama. Ahora tenía la nariz pegada a aquel trozo de madera con cuerdas. Siempre lo había visto así. Era simplemente un trozo hueco de madera con cuerdas de acero. Sus padres lo llamaban guitarra, y normalmente era el objeto con el que su hermano Matt tropezaba siempre y lloraba. Era inútil. No su hermano, sino el objeto; aunque ambas cosas podían ser validas. Sus padres se lo habían regalado por su cumpleaños pero lo seguía viendo un trasto estúpido. Incluso había soñado que ese objeto le invadía y le encerraba en una prisión inmensa, donde no podría salir jamás. Miles de personas le miraban desde el otro lado de aquellas cuerdas que, frente a él, se mostraban como barrotes infranqueables a una libertad mundana.
Sus padres llamaban a aquel regalo "guitarra". El prefería llamarlo "la prisión del futuro".
Él sabía todo lo que iba a pasar en el futuro, era un chico listo. Incluso, una vez, adivinó lo que le pasaría a sus amigos Danny y Bobby si corrían tanto con las bicicletas. Al final se cayeron y se hicieron una buena cicatriz en las manos. Él tenía miedo de bajar por aquel barranco, pero les ayudo como pudo a levantarse. Aquel día hicieron un pacto de sangre; le dolió mucho tener que rajarse la mano con la navaja del llavero de Bobby. Ahora eran hermanos para siempre.
Escuchó una puerta que se abría en la parte de abajo. Se acabó la fiesta. Los Sioux debían regresar al olvido. Recogió el comic del suelo y se deslizó raudo hasta el armario. Levantó aquella caja de zapatos para los domingos y lo guardó atropelladamente sin cerrar bien la tapa. Cogió aquella maldita guitarra y siguió ensayando el acorde Re que su primo le había enseñado.
Su primo era un capullo. Vivía en New York y sabía tocar la guitarra. Pero era un capullo; lo tenía bastante claro.
Cuando sus padres le regalaron la guitarra, su primo Tony pasó fardando toda la tarde tocando canciones de Chuck Berry y Johnny Cash. Su primo Tony era un capullo. Al final pudo entender que lo que tocaba era bastante repetitivo, pero a pesar de ello, solo logró aprender tres acordes: Sol, Do y Re. No era gran cosa, pero ya había compuesto su primer blues del Oeste. Y él ya era todo un Cowboy con guitarra incluida. Lo tenía pensado todo.
Primero secuestraría a sus padres, después los vendería a los Navajos, ellos les darían algún uso mejor. Y después iría de estado en estado vendiendo su música ancestral.
Su primera canción la titularía "Cabalga Cowboy, Cabalga"...lo tenía todo pensado, ya os lo dije.
Necesitaba un nombre de artista; pero aún lo estaba pensando.
Su madre apareció por una rendija de la puerta.
-¿Estás bien?
-He estado en mejores situaciones -esa era una buena respuesta, vaquero.
Su madre movió la cabeza lado a lado y cerró la puerta.
Seguía ensayando.
Aquel montón de mierda solo hacía ruido de lata. Él intentaba hacerla sonar rudo, pero no sacaba más que un sonido parecido al que hacen las tuercas al caer dentro de un cubo de hierro.
De repente miró al techo. Allí estaba "El llanero solitario", lo miraba desde aquel póster minúsculo que peleaba por mantenerse pegado a la pared horizontal que le servia de resguardo a las noches heladas.
-¿Que harías tu?
De repente como si de una fuerza interna se tratase, cogió aquella guitarra y la miro de frente. La tenía agarrada por el clavijero, pero ahora se transformaba en el cuello de su peor enemigo. Aquel cuerpo rechoncho ahora tomaba la forma de un forajido sin escrúpulos. Y aquellas cuerdas, eran el arma con el que intentaba cortarle en canal. Abrió la puerta con su mano libre y atravesó el pasillo con agilidad. Se detuvo justo en el filo de las escaleras. Alzó al forajido al vacío y lo miró a la cara...
-¡¡¡Detente!!!- escuchaba una voz suplicar clemencia-. Sabes que te encontraré vivo o muerto.
-No temo a tus palabras, soy salvaje como el viento, no volverás de tu tumba.
Acto seguido soltó a su enemigo; un sonido intenso y prolongado siguió a la muerte de su peor contrincante. Ahora él era la ley. Era quien dictaba las reglas.
Su madre apareció al fondo de las escaleras con cara de pocos amigos. A su lado yacía el "forajido infame". Sus partes rotas en varios pedazos, aguantaban los estertores de la muerte con compostura. Su madre se llevo las manos a la cabeza y gritó:
-¡¡¡John Francis Bongiovi, estás castigado!!!
John alzó su cabeza con frialdad, escupió a su lado y desde lo alto de aquella escalera, señaló con el dedo a su madre en postura amenazante:
-Llámame Capitán Kidd.
La leyenda acababa de forjarse.

Categoría: General 17 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Comentario hecho por Annabel, el día 02-08-2006 13:42:32h.
Comentario hecho por Wix, el día 02-08-2006 15:29:23h.
Bueno, esta historia esta basada en parte en un hecho real de la vida de Jon Bon Jovi. Ya sabeis, la primera guitarra que le regalaron la tiró por las escaleras.
Annabel, no estuve en Amsterdam (que pena...snif), pero hubiese estado bien escribirlo desde alguno de esos Smoking Coffee Shops tan cucos jejeje.
Un saludo.
Annabel, no estuve en Amsterdam (que pena...snif), pero hubiese estado bien escribirlo desde alguno de esos Smoking Coffee Shops tan cucos jejeje.
Un saludo.
Comentario hecho por Jersey, el día 02-08-2006 23:46:39h.
Ey Wix! me ha encantado!! es como revivir ese primer encuentro del "Juan" con una guitarra .. dios bendiga ese momento! ... y por cierto .. yo si he estado en Amsterdam y eso de los cofee shops es todo un invento ... tantos gramos a tanto el kilo ... calculadora y como en la pescaderia: me pone uno de mero ....
Muaks.
Muaks.
Comentario hecho por Wix, el día 02-08-2006 23:50:41h.
Comentario hecho por Wix, el día 02-08-2006 23:51:37h.
Comentario hecho por Bea..., el día 03-08-2006 12:32:36h.
Comentario hecho por Wix, el día 03-08-2006 14:33:21h.
Comentario hecho por Essa, el día 03-08-2006 18:46:17h.
Comentario hecho por Wix, el día 03-08-2006 18:57:17h.
Comentario hecho por R, el día 03-08-2006 22:49:51h.
Comentario hecho por TR, el día 03-08-2006 23:32:20h.
Comentario hecho por TR, el día 04-08-2006 00:00:20h.
Comentario hecho por Wix, el día 04-08-2006 00:07:33h.
Comentario hecho por m3l, el día 07-08-2006 13:12:57h.
Comentario hecho por Little, el día 09-08-2006 17:06:34h.
Añadir un Comentario
Hecho con